El consejo es una trampa

Hice esta ilustración el 9 de noviembre de 2024. Esta semana volví a ella, ajusté algunos detalles y la repostee en Instagram.

Tal vez no fue casualidad.
Más allá de la imagen, volví a pasar por la misma idea que sostuvo todo su proceso de creación.

Esta imagen-texto nació desde lo simbólico, te cuento:

Una mujer que lleva alas como recordatorio anatómico.
La jaula no es un castigo: es su útero.
La oruga representa el futuro, porque la vida la obligó a cambiar.
La llave que lleva como collar es un símbolo quirúrgico que no abre el útero, porque todavía no es el momento.
La corona no indica poder sobre otros, sino soberanía sobre su proceso interior.

Si no lo sabes, soy psicóloga de formación.
Sin embargo, desde hace varios años dejé de identificarme con ese oficio, más concretamente desde la creación de Estrujamentes en 2018.

Aun así, seguí acompañando procesos individuales a través de distintas técnicas.

En 2023, la misma idea volvió a aparecer, pero con más profundidad:
sentí que no debía ayudar a nadie con recomendaciones, perspectivas o consejos.

En lo que yo llamo el mundo al revés, estaba viendo el mundo al derecho.

Te explico cómo lo entendí —esto aplica para mí, te lo comparto por si te sirve—:

No pidas consejos.
No des consejos.

Pedir consejo es un indicador de extravío.
Dar consejo también.

Quien da consejo interfiere en el proceso de aprendizaje del otro, porque le dice cómo vivir una vida que no le pertenece.
El que aconseja aún no es consciente de "Qué es" ni "En qué lugar se encuentra".

Estamos en la Universidad planeta Tierra, donde el proceso es colectivamente individual.

Cuando das consejo, impides que el otro descubra a su maestro interior. Retrasas su proceso y generas repetición.

Todos necesitamos vivir para aprender.
Si pides consejo, lo más probable es que repitas una y otra vez la situación que te incomoda.
La repetición existe para eso: para que aprendas.
Y se repetirá hasta que lo aprendas.

En el mundo al revés, las personas pagan a maestros externos para ser ayudadas.
En el mundo al derecho, ese maestro externo debería pagar a sus pacientes.

¿Por qué?
Porque los pacientes llegan como espejo.
Muestran exactamente en qué debe trabajar él.

Cuando el aprendizaje se integra, esos pacientes dejan de llegar.

Un guía trabajado interiormente deja de atraer espejos.

El “guía” atrae patrones.
Esos patrones son situaciones repetidas, reflejos proyectados hacia afuera para que puedan ser vistos.

El maestro pone tareas al paciente que él mismo debería hacer....
Ambos se están desayudando.

Cada quien debe ser su propio guía.
Cada quien debe ser su propio maestro.

¿Y cómo se logra la maestría?

La semana pasada, una amiga me escribió:
“Estoy pasando por un examen (problema)”.

Ella ya sabe que en la Universidad planeta Tierra no existen los problemas, sino los exámenes. Y que entre más alta la consciencia, más exigente el examen.

Como yo ya superé el síndrome de salvadora, no dije nada respecto a ella o la otra persona, le dije:

No le preguntes a la persona con la que tienes el examen.
Pregúntale al examen:
¿Para qué estás aquí?
¿Qué vienes a enseñarme a través de esta situación o de esta persona?
¿Qué esperas de mí?
¿Cómo sabré que te he superado?

Siéntate a escribir mientras hablas con tu examen.

La respuesta está en tus preguntas, no las que piensas sino en las que escribes, porque las ideas viajan a la velocidad de la luz, y como llegan, se van.

Por eso dejé de decirle a las personas lo que tienen que hacer.
Y me dediqué a hacer cuadernos, pero no son simples cuadernos...

Aquí están.

Y si vives fuera de Colombia, también los encuentras en Buscalibre, con envíos a cualquier parte del mundo.

No lo olvides:

¡Hasta pronto, y feliz senti pensar a Estrujamentes!

¡A los cuadernos llegas por aquí!



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